Abr 26, 2008
De la impasibilidad del profesorado
Reseña Paco un excelente artículo de Miguel Ángel Santos Guerra, “Efectos secundarios”.
Yo leí la reseña antes que el artículo, y algunos de los párrafos que extrae Paco me hicieron dudar de si el texto se refería a los alumnos o a los profesores (las negritas son mías):
A fuerza de recibir un curriculum estructurado, organizado y desarrollado sin que les corresponda otro papel que el de meros receptores, les hace pensar que no son capaces de decidir lo que quieren aprender, cómo lo quieren aprender y de qué forma prefieren aprenderlo.
A fuerza de recibir órdenes, normas y castigos acaban aprendiendo que no son responsables y que no tienen la capacidad suficiente para estar solos.
A fuerza de estar tanto tiempo en silencio acaban por aprender que ellos no tienen nada que decir.
Y es que ando hace un tiempo dándole vueltas a la cosa esta de la impasibilidad del profesorado -me refiero a Extremadura, que en otros sitios no sé cómo respira el personal, si bien puedo intuirlo-, y no hago más que preguntarme qué es lo que nos pasa a los profesores extremeños para aguantar estoicamente todo lo que nos quieran echar encima. Sin ir más lejos, hace poco menos de un mes que comenzó el esperpéntico Plan de Refuerzo Educativo para la E.S.O., y son muy escasas las voces que se han dejado oír ante tamaña aberración (recuerdo que nosotros abrimos un foro para opinar sobre este asunto); y se trata sólo de un ejemplo, se podría añadir un sinnúmero de ellos: el caótico plan de informatización de centros, la pésima conexión a internet que tenemos en nuestras aulas, la improvisación que parece regir cada decisión de nuestros políticos…
Doyle vueltas al asunto y no llego a puerto alguno. ¿Qué nos tiene, sumisos y silentes, amarrados al duro banco de nuestros horarios lectivos?
- Uno piensa que tanto tiempo (ya no recuerdo cuánto) con los mismos políticos dirigiendo nuestros destinos pueda inmovilizarnos ante la creencia de que ningún cambio es posible. Tantas sandeces perpetradas, y permanecen impunes en sus poltronas… ¡Qué se puede hacer ante eso!
- Uno piensa que tantos años en el gobierno acaba por originar una casta de dirigentes, un grupo de intrincadas relaciones de favores y beneficios, a los que todos les debemos algo o podemos estar en disposición de debérselo, por lo que nos viene mejor estar calladitos.
- Uno piensa que estamos tan quemados con nuestras exigentes tareas docentes que no nos quedan ganas para meternos en más jaleos, jaleos que por otro lado no nos reportarán beneficio alguno, sino todo lo contrario.
Uno piensa, finalmente, que hemos de admitir que tenemos lo que nos merecemos, pero uno no deja por ello de albergar la esperanza de que llegará el día en que, al son de una hermosa canción, los docentes nos pongamos en pie y digamos, “hasta aquí hemos llegado, compañeros; toca poner a cada uno en su sitio”.










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