Cuando ayer a las siete y media de la tarde me bajé del coche en Alange, el termómetro marcaba 40ºC. Había quedado con Juan Diego, Elena, Ángel Trigueros y Fernando Lillo para emprender un heroico ascenso al castillo, en el que Juan Diego está al frente de unas prometedoras actuaciones para la puesta en valor del monumento.
Ya sé -y twitter no deja de recordármelo, a veces pienso que con la aviesa intención de despertar en mí una insana envidia- que la gente en estas fechas suele estar en las playas, tomando sugestivos cócteles y exóticas comidas. Pero el grupo de Alange es así: nos gusta pasear en plena canícula por el ardiente campo extremeño con el único afán de ver tres piedras con algo de historia.
Y sí, con algún que otro desfallecimiento, alcanzamos nuestro objetivo. Os dejo unas fotos de aquesta gloriosa empresa.
Bien saben los que me leen que soy un apátrida, pero si alguna patria reconozco mínimamente, es la que marca el calor y la luz del sol: es el sur. Hoy, después de mucho tiempo, ha vuelto el sol por estas tierras, y nos hemos lanzado a la calle.
Hemos estado en Alange, un sitio que me gusta tanto que estoy pensando seriamente adquirir una modesta villa suburbana donde pasar algunas temporadas. Allí, desde hace dos veranos, un grupito de colegas, entre ellos Fernando Lillo, nos reunimos para una tarde de charla.
Sinceramente les digo que es un lujo vivir en estas tierras, en las que pisas historia, arte y naturaleza a espuertas. Hoy paseaba por estos sitios, y me acordaba de lo que unos días atrás había visto en Tarragona, en el Camp d’Aprenentatge, un paraje rodeado de chimeneas llameantes y humeantes, y no podía creer que alguien pudiera querer algo así en estos lares.
Ayer por la tarde estuvimos haciendo una pequeña visita al complejo termal de Alange, aquí al lado de Almendralejo, construido por los romanos en el siglo III d.C. Aprovechamos que mi compañero y amigo Fernando Lillo se encuentra de vacaciones en tierras extremeñas para visitar las termas, de la mano de Juan Diego Carmona, arquitecto técnico y vecino de Alange, un profundo conocedor e incansable investigador del edificio.
En la visita estuvimos acompañados nada menos que por José Ángel Calero, arqueólogo y uno de los mejores conocedores de la Extremadura romana, y por Ángel Trigueros, profesor y bibliotecario del I.E.S. Santiago Apóstol. Aquí podéis ver algunas imágenes.
Y ya que estábamos en Alange y acompañados de Fernando Lillo, qué mejor que echar un rato con Jesús Sánchez Adalid. Adalid y Lillo hablaron de sus obras y proyectos, y se dedicaron mutuamente algunos libros.
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