Hace unos días os anunciaba con toda la ilusión del mundo la celebración de las VII Jornadas de Humanidades del I.E.S. Santiago Apóstol. Hoy os tengo que anunciar, con todo mi pesar, su suspensión. Con todo mi pesar…, y con toda mi rabia, que si me permiten –y si no también- voy a descargar aquí. Así que el que no quiera seguir leyendo quejas, lamentos y exabruptos, que lo deje ya.
En primer lugar, quiero agradecer a Santiago Campo, asesor del C.P.R. de Mérida, la atención dispensada y los desvelos sufridos a cuenta de la organización de estas Jornadas, aunque no se hayan visto coronados por el éxito.
Hechos los agradecimientos, vayamos a la rabia. Y la voy a descargar por entero sobre el C.P.R. de Almendralejo, un centro que puede ser el paradigma de cómo no se hacen las cosas en la formación del profesorado. Ya os conté el año pasado algunos problemas surgidos en torno a la celebración de la sexta edición de las jornadas, por lo que era de esperar que este año se negase a participar en su organización, participación que se limita en todo caso a poner el dinero y certificar la formación. Pero lo que no podía esperar es que, además de esta negativa –ya de por sí discutible-, se dedicase a descalificarme personalmente. Llevo muchos años dedicados a las jornadas, mi trayectoria y mi trabajo están ahí, a la vista de todo el mundo, jamás he pedido ni recibido nada a cambio (creo recordar que en alguna ocasión ni siquiera me han certificado la formación por no haber firmado las hojas de asistencia), ¿tengo que pensar que su negativa a participar en la organización de estas jornadas se debe a desavenencias personales conmigo más que a razones estrictamente técnicas? Si así fuera, la cosa sería para echarse a temblar.
Sin embargo, una actuación caciquil de tal calibre no resultaría extraña en un centro tan anómalo como éste, un centro cuya dirección se renueva año tras año desde tiempos inmemoriales por comisión de servicio, sin concurso de méritos ni otro procedimiento abierto que se le parezca, un centro que ya ha puesto cortapisas en más de una ocasión a las iniciativas presentadas por el I.E.S. Santiago Apóstol, un centro que tiene entre los profesores de su adscripción a uno de los mayores expertos en tecnología digital aplicada al aula de este país, mi amigo Paco, con el que no cuenta para ninguna actividad formativa (por cierto, que Paco no quiere ni oír hablar ya de colaborar con este C.P.R., por algo será).
Este que les habla, vencido y desarmado, deja definitivamente de hacer el pringao con esta panda de ineptos, hartos de dietas y comilonas, a los que les das todo hecho para que sólo tengan que colgarse las medallas y encima te vienen con insultos. Que les den por saco, que yo me dedico a mis clases y a mis proyectos con gente interesante.
La misma negativa de colaboración hemos recibido de los C.P.R. de Plasencia y Cáceres, cada uno por sus motivos, supongo, si bien, una vez repasada la planificación de actividades de cada uno de ellos, no encuentro ni una sola destinada a los profesores de clásicas. ¿Qué ocurre con nuestros Centros de Profesores que no pueden colaborar entre ellos? Cada uno en su cortijo, y no mezclemos. ¿Por qué hay un derroche de dinero para actividades destinadas a la Formación Profesional y a las Nuevas Tecnologías, y no puede dedicarse un pequeño presupuesto a la cultura clásica? ¿Es que somos pocos y la actividad no es rentable? ¿Desde cuándo un C.P.R. tiene que pensar en rentabilidad económica?
En fin, José Mª, ya ves que en todos sitios cuecen habas.
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