Bitácora de Carlos Cabanillas

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Cultura Clásica y otras nimiedades

Notas programáticas para mi aula ideal

Quiero dejar aquí apuntadas algunas notas que van surgiendo de la lectura de un sinnúmero de documentos y comentarios en torno al extraño momento educativo que vivimos. Pretendo con esto aclarar mis ideas un poquito para cuando mañana tenga que ponerme de nuevo delante de mis alumnos.

He aquí algunos de los temas que vienen ocupando mis pensamientos últimamente:

1. El aprendizaje consiste en construir. Me ha sorprendido el cono del aprendizaje (aquí en español) de Edgar Dale, y me he puesto a dar un repaso mental a mis años –tan lejanos- de estudiante de bachillerato; ¿qué es lo que mejor conservo en mi recuerdo de las clases de bachillerato? Sin lugar a dudas, los viernes por la tarde en 1º de B.U.P., clase de Lengua Castellana y Literatura, los alumnos debíamos, por grupos, hacer la exposición de un tema libre. Esto es, teníamos que construir un discurso y presentarlo: buscar información, organizarla y elaborarla. ¿Qué supone esto?

  • Dejar los libros de texto. Sobre esto ya escribí en su momento, y allí dejé claro lo que pensaba de estos libros. Ahora, con los continuos cambios de legislación y las consiguientes visitas de las editoriales que pretenden vender sus productos, no hago más que ratificarme en lo dicho.
  • Dar el protagonismo al alumno. Debemos conseguir que el alumno sea el agente de su aprendizaje. Aquí, sin duda, chocamos con la tenaz fuerza de la tradición: es casi inevitable caer en el modelo de profesor-que-habla/alumno-que-escucha, y es difícil por ambas partes, por parte del profesor, acostumbrados como estamos a ir a clase a soltar “nuestro rollo”, y por parte del alumno, demasiado habituado a acudir a clase sólo a escuchar.
  • Olvidarse de la lección magistral.

2. Una actividad básica en el aula debe ser leer y comentar. A este respecto son interesantes las reflexiones sobre el método socrático en Educación y Pedablogía para el siglo XXI.

3. Adaptar. Debemos ser lo suficientemente maleables como para poder adaptar nuestro trabajo a la situación real del grupo de alumnos que tenemos delante.

4. Imaginar. Aún no he visto la última película sobre el tema “profe innovador imparte clases a alumnos problemáticos” (Diarios de la calle, basada en un hecho real), pero me ha atraído la historia de la profesora Erin Gruwell y extraigo estas frases de su entrada en la Wikipedia:

The students who school administrators had thought were not intelligent enough to read higher-level books and were destined to drop out went on to shock everyone. All 150 Freedom Writers graduated from high school and attended college.

No dejemos de imaginar.

5. Tecnología. ¿Es necesaria la tecnología para hacer una buena labor docente? Evidentemente, no. No necesitamos ordenadores ni Internet para cubrir el temario de nuestras asignaturas, pero sí lo necesitamos –y lo necesitarán más nuestros alumnos- para movernos con soltura por el mundo de la información, y no podemos, si actuamos responsablemente, hurtarles este ámbito de aprendizaje.

Gran parte de lo expuesto hasta aquí está en nuestras manos, depende de nosotros. Otras cosas están en manos de la administración educativa, y ahí no podemos hacer mucho. Pero sería deseable que los políticos interviniesen –aparte de dejar los bandazos legislativos- en:

  • Reducir el número de alumnos por aula.
  • Incentivar al profesorado. Esto es, paguen mejor y, en consecuencia, exijan más; faciliten la formación continua del profesorado; reduzcan la carga lectiva en los casos oportunos…

Lo dejo de momento. Habrá que seguir probando; sin miedo, que las cosas no pueden ir mucho peor.

Taberna cerrada

Llega final de curso, y es tiempo de memorias y reflexiones. En el mes de octubre decidí utilizar un blog como apoyo a mi trabajo en el aula; decía entonces que quería convertir mi aula de latín en una taberna de grammaticus, dedicada evidentemente a mis alumnos, pero abierta a todo el público. Hoy, con el trabajo hecho, decido abandonar mi taberna, que seguirá su vida propia el tiempo que Blogsome estime oportuno. Pero no quiero dejar de hacer la pertinente y superflua reflexión sobre la experiencia, que es como sigue.
En primer lugar, estoy absolutamente satisfecho de las prestaciones del blog como apoyo tecnológico en el aula, usado a modo de pizarra digital, sobre todo en lo que hace a las entradas de la asignatura de Latín II. El hecho de tener un acceso directo a los textos de Perseus, el poder incluir imagen y sonido, los enlaces a diccionarios de todo tipo, tener al alcance de un clic los recursos adecuados, es algo que no tiene precio: es lo que me dio por llamar profundidad de currículum, que consiste básicamente en que cada estudiante tiene la posibilidad de avanzar hasta donde sus fuerzas le permitan, pues nosotros le estamos proporcionando los medios precisos para ello (sirva de ejemplo esta entrada de introducción a los textos de Virgilio).

En segundo lugar, reconozco un absoluto fracaso: no he sido capaz de enganchar a ningún alumno a los blogs. Les sugerí a principio de curso que creasen su propio blog, que les sirviese, además de para escribir lo que les diera la gana, para reflejar las dificultades, aventuras y desventuras que la asignatura les fuese trayendo; con ello pretendía también proporcionarme una visión de mi trabajo desde la perspectiva del alumno, algo que voy perdiendo con el paso del tiempo. En las primeras semanas algún alumno publicó algo, pero en seguida el planeta del aula quedó vacío. Tampoco insistí demasiado: quería que fuese algo que hicieran de buena gana, sin presión. Tengo la sensación de que la escritura en las bitácoras, con el proceso de reflexión y redacción que exige, no se adapta a la idiosincrasia de nuestros mis alumnos, que sin embargo están totalmente subyugados por los SMS.

Por último, en ocasiones he tenido la impresión de que mi manía por tener siempre los ordenadores del aula encendidos ha podido ser perjudicial para algunos alumnos. Esa ventana abierta al mundo es peligrosa, tiene unas ofertas muy atractivas: chatear, fisgonear… Durante mi exposición en Alicante el pasado mes de mayo mostré unas imágenes de algunas pantallas de los ordenadores de una de mis clases: escritorio inactivo, Perseus, blog del aula e imágenes de la última excursión. Podría haber sido peor. De todas formas, como mis alumnos ya son mayorcitos, creo que éste es un riesgo que puedo correr.

Desde luego, para el próximo curso mi pretensión es seguir con el blog del aula, usado de la misma manera, a modo de pizarra digital. Quiero también añadir otras herramientas: wiki (para el trabajo colaborativo, que formará parte del proyecto ExtremaduraClásica), procesadores de texto tipo VOOTEXT (para la entrega de trabajos) y grupo de google (para exposición de problemas). Todo ello no porque crea que la tecnología puede ser una gran herramienta educativa (que también), sino porque creo que es, y lo será más en un futuro próximo, indispensable para nuestros alumnos moverse con seguridad en internet y conocer algunas de sus posibilidades. Aunque quien se lo intente mostrar sea el profesor de latín.

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AUTOR

Carlos Cabanillas. Profesor de Latín en el I.E.S. Santiago Apóstol. Hic sum, quia nemo solus satis sapit.

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