May 14, 2007 0
Notas programáticas para mi aula ideal
Quiero dejar aquí apuntadas algunas notas que van surgiendo de la lectura de un sinnúmero de documentos y comentarios en torno al extraño momento educativo que vivimos. Pretendo con esto aclarar mis ideas un poquito para cuando mañana tenga que ponerme de nuevo delante de mis alumnos.
He aquí algunos de los temas que vienen ocupando mis pensamientos últimamente:
1. El aprendizaje consiste en construir. Me ha sorprendido el cono del aprendizaje (aquí en español) de Edgar Dale, y me he puesto a dar un repaso mental a mis años –tan lejanos- de estudiante de bachillerato; ¿qué es lo que mejor conservo en mi recuerdo de las clases de bachillerato? Sin lugar a dudas, los viernes por la tarde en 1º de B.U.P., clase de Lengua Castellana y Literatura, los alumnos debíamos, por grupos, hacer la exposición de un tema libre. Esto es, teníamos que construir un discurso y presentarlo: buscar información, organizarla y elaborarla. ¿Qué supone esto?
- Dejar los libros de texto. Sobre esto ya escribí en su momento, y allí dejé claro lo que pensaba de estos libros. Ahora, con los continuos cambios de legislación y las consiguientes visitas de las editoriales que pretenden vender sus productos, no hago más que ratificarme en lo dicho.
- Dar el protagonismo al alumno. Debemos conseguir que el alumno sea el agente de su aprendizaje. Aquí, sin duda, chocamos con la tenaz fuerza de la tradición: es casi inevitable caer en el modelo de profesor-que-habla/alumno-que-escucha, y es difícil por ambas partes, por parte del profesor, acostumbrados como estamos a ir a clase a soltar “nuestro rollo”, y por parte del alumno, demasiado habituado a acudir a clase sólo a escuchar.
- Olvidarse de la lección magistral.
2. Una actividad básica en el aula debe ser leer y comentar. A este respecto son interesantes las reflexiones sobre el método socrático en Educación y Pedablogía para el siglo XXI.
3. Adaptar. Debemos ser lo suficientemente maleables como para poder adaptar nuestro trabajo a la situación real del grupo de alumnos que tenemos delante.
4. Imaginar. Aún no he visto la última película sobre el tema “profe innovador imparte clases a alumnos problemáticos” (Diarios de la calle, basada en un hecho real), pero me ha atraído la historia de la profesora Erin Gruwell y extraigo estas frases de su entrada en la Wikipedia:
The students who school administrators had thought were not intelligent enough to read higher-level books and were destined to drop out went on to shock everyone. All 150 Freedom Writers graduated from high school and attended college.
No dejemos de imaginar.
5. Tecnología. ¿Es necesaria la tecnología para hacer una buena labor docente? Evidentemente, no. No necesitamos ordenadores ni Internet para cubrir el temario de nuestras asignaturas, pero sí lo necesitamos –y lo necesitarán más nuestros alumnos- para movernos con soltura por el mundo de la información, y no podemos, si actuamos responsablemente, hurtarles este ámbito de aprendizaje.
Gran parte de lo expuesto hasta aquí está en nuestras manos, depende de nosotros. Otras cosas están en manos de la administración educativa, y ahí no podemos hacer mucho. Pero sería deseable que los políticos interviniesen –aparte de dejar los bandazos legislativos- en:
- Reducir el número de alumnos por aula.
- Incentivar al profesorado. Esto es, paguen mejor y, en consecuencia, exijan más; faciliten la formación continua del profesorado; reduzcan la carga lectiva en los casos oportunos…
Lo dejo de momento. Habrá que seguir probando; sin miedo, que las cosas no pueden ir mucho peor.











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