Llega final de curso, y es tiempo de memorias y reflexiones. En el mes de octubre decidí utilizar un blog como apoyo a mi trabajo en el aula; decía entonces que quería convertir mi aula de latín en una taberna de grammaticus, dedicada evidentemente a mis alumnos, pero abierta a todo el público. Hoy, con el trabajo hecho, decido abandonar mi taberna, que seguirá su vida propia el tiempo que Blogsome estime oportuno. Pero no quiero dejar de hacer la pertinente y superflua reflexión sobre la experiencia, que es como sigue.
En primer lugar, estoy absolutamente satisfecho de las prestaciones del blog como apoyo tecnológico en el aula, usado a modo de pizarra digital, sobre todo en lo que hace a las entradas de la asignatura de Latín II. El hecho de tener un acceso directo a los textos de Perseus, el poder incluir imagen y sonido, los enlaces a diccionarios de todo tipo, tener al alcance de un clic los recursos adecuados, es algo que no tiene precio: es lo que me dio por llamar profundidad de currículum, que consiste básicamente en que cada estudiante tiene la posibilidad de avanzar hasta donde sus fuerzas le permitan, pues nosotros le estamos proporcionando los medios precisos para ello (sirva de ejemplo esta entrada de introducción a los textos de Virgilio).
En segundo lugar, reconozco un absoluto fracaso: no he sido capaz de enganchar a ningún alumno a los blogs. Les sugerí a principio de curso que creasen su propio blog, que les sirviese, además de para escribir lo que les diera la gana, para reflejar las dificultades, aventuras y desventuras que la asignatura les fuese trayendo; con ello pretendía también proporcionarme una visión de mi trabajo desde la perspectiva del alumno, algo que voy perdiendo con el paso del tiempo. En las primeras semanas algún alumno publicó algo, pero en seguida el planeta del aula quedó vacío. Tampoco insistí demasiado: quería que fuese algo que hicieran de buena gana, sin presión. Tengo la sensación de que la escritura en las bitácoras, con el proceso de reflexión y redacción que exige, no se adapta a la idiosincrasia de nuestros mis alumnos, que sin embargo están totalmente subyugados por los SMS.
Por último, en ocasiones he tenido la impresión de que mi manía por tener siempre los ordenadores del aula encendidos ha podido ser perjudicial para algunos alumnos. Esa ventana abierta al mundo es peligrosa, tiene unas ofertas muy atractivas: chatear, fisgonear… Durante mi exposición en Alicante el pasado mes de mayo mostré unas imágenes de algunas pantallas de los ordenadores de una de mis clases: escritorio inactivo, Perseus, blog del aula e imágenes de la última excursión. Podría haber sido peor. De todas formas, como mis alumnos ya son mayorcitos, creo que éste es un riesgo que puedo correr.
Desde luego, para el próximo curso mi pretensión es seguir con el blog del aula, usado de la misma manera, a modo de pizarra digital. Quiero también añadir otras herramientas: wiki (para el trabajo colaborativo, que formará parte del proyecto ExtremaduraClásica), procesadores de texto tipo VOOTEXT (para la entrega de trabajos) y grupo de google (para exposición de problemas). Todo ello no porque crea que la tecnología puede ser una gran herramienta educativa (que también), sino porque creo que es, y lo será más en un futuro próximo, indispensable para nuestros alumnos moverse con seguridad en internet y conocer algunas de sus posibilidades. Aunque quien se lo intente mostrar sea el profesor de latín.

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