Una nevada, bonita sí, pero no menos temible para alguien del sur nada acostumbrado a ese blanco en la carretera, quiso ayer acompañarme mientras conducía de Valladolid a Salamanca. Venía de participar en el curso de “Innovación educativa y Máster de secundaria. Perspectivas y realidades en el aula de clásicas”, organizado por el Departamento de Filología Clásica de la Universidad de Valladolid y la Sociedad Española de Estudios Clásicos. Allí intenté hacer un repaso a algunas de las cosas que se hacen con las TIC en el aula de clásicas. Aprovecho para mostrar una vez más mi agradecimiento a dos grandes alumnos de clásicas, Carmen y Rodrigo, por todas las atenciones que nos han dispensado.
Felicito desde aquí a quien haya parido este curso: una gran idea en su concepción -todo lo que sea abrir cauces de comunicación entre la Universidad y la Secundaria es positivo-, y en su planteamiento: creo que ha sabido tocar las dos líneas de trabajo más importantes en las asignaturas de clásicas en Secundaria. Por un lado, la línea que podríamos llamar de inmersión clásica, que procura introducir al alumno en un recreado mundo antiguo; esto es lo que se hace, de una u otra forma, en Sagunto, en Tarraco o en los muchos grupos de teatro clásico que hay en nuestros institutos. Por otro lado, lo que se está haciendo en las aulas de clásicas con las posibilidades de internet, cuyo exponente máximo es el colectivo de docentes de Chiron. Ambas líneas de trabajo han estado representadas en el curso: el gran Salvador Muñoz ha trasladado parte de la Domus Baebia a Valladolid, y además ha montado su taller de escritura antigua; y yo he intentado ocuparme de los recursos y experimentos con internet en clásicas.
Una idea excelente, repito. Lo que dudo es si se está haciendo en muchas más universidades. También tengo mis dudas, en este caso cercanas al temor, sobre quién va a impartir ese Máster en Formación del Profesorado de Educación Secundaria que sustituye al CAP.
El máster, según parece, constará de tres partes: una parte general, con contenidos de teoría general del aprendizaje; una parte específica, sobre didáctica de cada una de las disciplinas; y una parte práctica en el centro educativo, bajo la supervisión de tutores. En mi opinión, esa parte específica debería contar con (léase ser impartida por) el profesorado de Secundaria, esto es, el profesional que conoce de primera mano la situación de las aulas, que puede dar cuenta fehaciente de lo que se está haciendo, de lo que puede funcionar, de las posibilidades con que contamos… No creo que tenga mucho sentido que sean profesores universitarios, inspectores u otros especímenes peregrinos (léase sin acritud) quienes expliquen lo que se hace o se puede hacer en Secundaria.
De todos modos, en el caso de clásicas, una primera dificultad va a ser la posibilidad misma de contar con un máster propio de la especialidad, por la sempiterna cuestión del número de alumnos. Por eso es de agradecer el trabajo que se ha hecho en Valladolid.
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